Santiago pensó que convertirse en jefe sería el gran salto de su carrera. En cambio, encontró agotamiento, un equipo desmotivado y una vida personal que empezaba a resquebrajarse.
Sin formación en liderazgo y bajo presión constante, pronto entiende que el verdadero desafío no está en gestionar tareas, sino en aprender a liderarse a sí mismo.


